Necesario que el caficultor se integre y produzca de manera sustentable

El Mundo del Café Revista

La sustentabilidad dejó de ser una moda para transformarse en una necesidad real del mercado.

Llevar a cabo mejores prácticas para cuidar el ecosistema que rodea las plantaciones de café, permitirá adicionar más valor a sus cosechas, a la par que beneficie su producción al diversificar la oferta con otros productos sembrados en la finca, amén de contar con certificaciones que garanticen sus prácticas sustentables y una trazabilidad libre de químicos y ofrecer artículos de calidad y saludables que protegen al consumidor por ser de origen orgánico y sustentable. Todas estas virtudes reflejan la sustentabilidad en el café mexicano, a decir de los ponentes de la novena mesa de análisis de El Mundo del Café y Expo Café WTC, denominada “Sustentabilidad Cafetalera: experiencias prácticas de campo con productores”.

Quedó de manifiesto que el tema de la sustentabilidad dejó de ser una moda para transformarse en una necesidad real del mercado, ante un consumidor más comprometido por saber cómo se obtuvo el producto y/o servicio que demanda y si éste cumple con prácticas amables tanto en el ecosistema como con la mano de obra. De ahí que algunas conclusiones surgidas de este intercambio de ideas y ejemplos en el campo mexicano demuestran que, además de los puntos descritos, tener cultivos sustentables permitirá mitigar la huella de carbono de nuestra generación, punto de suma trascendencia entre los actuales gobiernos del orbe para determinar relaciones comerciales.

Sin embargo, los panelistas consideraron que es necesario que el caficultor tenga estimulaciones tanto en práctica en finca como asesoría técnica para que se integre de lleno a este tema, que si bien muchas fincas si cuidan su entorno natural, aún estamos un poco rezagados, ya que miles de familias dedicadas a esta siembra requieren y merecen orientación y alianzas para que la transición sea exitosa y considerar otros aspectos que les permitan acceder a otros mercados para recibir mejores precios por su cosecha y en última instancia, garantizaría la permanencia futura de esta actividad.

Los participantes en esta novena mesa fueron José Guadalupe Pérez Gómez, director general de Negocios Sostenibles ABC, con sede en San Cristóbal de las Casas, Chiapas; Miguel Ronquillo Aco, coordinador de Operaciones de Campo en Agroindustrias Unidas de México (AMSA); Lázaro Escalante López, auditor Senior de Control Union Certifications México y Celina Rivera Landaverde, gerente en Cooperativa Ek-Balam Productores de la Estrella del Jaguar, ubicada en las cercanía de la Sierra Madre de Chiapas. El moderador en turno fue el analista y especialista René Ávila Nieto.

Inició la conversación José Guadalupe Pérez Gómez, quien de entrada consideró erróneas las creencias de que la sustentabilidad en el campo mexicano no cuenta con casos de éxito y para muestra, mencionó fincas bien consolidadas en el tema en los estados productores de Oaxaca, Chiapas, Veracruz y Guerrero. No obstante, cree que el mayor reto es que el productor entienda que si su tierra es sustentable, podría ser más fructífera y obtendría un impacto benéfico que le daría más rentabilidad al invertir en otros incentivos y satisfactores sociales, como capacitación y equipo, prácticas de protección del suelo, reforestación y nutrición con lo que incrementará su productividad, con lo cual a futuro, las fincas serían muy rentables e incluso autosuficientes.

“Por encima de todo, un sistema sustentable debe ser productivo y con responsabilidad ambiental y social y en este sentido, me parece clave que el consumidor forme parte de esta ecuación, así que deberíamos invitarlos a favorecer la ingesta de estos productos porque tienen valor agregado y calidad diferenciada al ser cien por ciento natural, con mejor sabor, es más sano. Pero incluso más importante, que ellos nos ayuden a difundir las ventajas del desarrollo sustentable, no solo para mantener el mercado en futuras generaciones, porque la necesidad de alimentación es de todos los días y es obvio que el productor quiere tener más ingresos; si no nos enfocamos en estos productos, probablemente en breve tiempo al no consumirlos, afectaremos la probable ingesta para el futuro” aseguró Pérez Gómez.

El director general de Negocios Sostenibles ABC invitó a los consumidores a que se acerque a estos productos, no sólo del café sino cualquier producto sustentable y responsable, que también se asocia al modelo de producción con atractivos turístico por el enorme bagaje ambiental que rodea estas plantaciones.

El ponente aprovechó para aclarar que, aunque los esquemas productivos sustentables y orgánicos se asemejan, en realidad son diferentes; en el primer caso la idea es proteger el entorno medioambiental y los recursos naturales, tema surgido en los años 70 por la crisis ecológica de entonces y además, es económicamente rentable. En cambio, el sistema orgánico se enfoca en la producción que está libre del uso de aditamentos químicos que garantizan pureza cien por ciento natural del artículo obtenido de esta práctica.

Tocó el turno de Miguel Ronquillo Aco, quien hizo un breve recuento de su trayectoria en cuanto ingresó al área de Sustentabilidad de Agroindustrias Unidas de México, tras egresar de la universidad en 2010; recordó que volvió a su comunidad con la firme intención de colaborar con su familia que cuenta con una finca cafetalera y gracias a la influencia de dos tíos se interesó en los temas ambientales, aunque seguía escéptico de su viabilidad en el campo. Sería hasta que al ingresar a AMSA como técnico extensionista, recibió diversos cursos y capacitación sobre el tema ya que su función principal era promover diversos sellos de sustentabilidad, así que se volvió en su mayor interés profesional y se convenció que producir en armonía y equilibrio con la naturaleza y económico es lo que requiere el campo mexicano.

“El problema es que trasmitir esta pasión al productor es muy complicado porque son muchos procesos a pasar y ellos solo buscan producir más, precisamente porque si no lo hacen, no ganan para subsistir. Por ejemplo, recuerdo que cierta vez llegué a mi parcela una hora antes del cierre de labores y mis trabajadores ya se retiraban porque el sol era insoportable y no había árboles de sombra para resguardarse. Me di cuenta que se necesita trabajar en armonía con el medioambiente, así que cambie mi sistema que pese al costo seguía siendo muy rentable y la calidad mejoró; participamos en Taza de Excelencia 2019 y obtuvimos el undécimo lugar y eso impulsó nuestro éxito en el mercado. La realidad es que si cambias el sistema, además de volverse más rentable, accedes a mejores mercados por la calidad del café, con pagos diferenciados, lo que convence al productor de que ese esfuerzo vale la pena”, apuntó Ronquillo Aco.

El especialista también destacó el perfil que el especialista debe tener para acercarse al productor y debe mostrar empatía y mente abierta para encontrar la fórmula acorde a las necesidades del caficultor, para de ahí definir la estrategia adecuada y si éste pertenece a la misma comunidad o región, mucho mejor pues conoce de primera mano la situación de las tierras de la zona y por tanto, tendrá más compromiso y será mejor aceptado: “Como decía Albert Einstein, dar el ejemplo no es la mejor manera de influir en la gente, es la única. Si tiene estos valores puede incidir de manera favorable en su comunidad y seguramente los productores lo buscarán para lograr mejores resultados. Evidentemente el técnico debe estar bien capacitado y tener la sensibilidad y las herramientas para implementar las acciones sustentables de manera práctica, siempre con mente abierta al cambio y estar al tanto de lo que pasa con el consumidor y lo que busca, pues el técnico es el vinculo entre productor y cliente final, que está dispuesto a pagar el sobreprecio si se le demuestra que lo que consume cumple con los más altos estándares y beneficia al medioambiente” agregó.

En tanto Lázaro Escalante López, explicó que su empleadora, Control Union Certifications cuenta con presencia territorial en más de 70 países y en México, cuenta con oficinas en CDMX, Jaltenango, Chiapas y Sinaloa, para dar certificación en programas orgánicos y sostenibles; con tres lustros de experiencia, el ponente se inició en esta actividad en el área de mejores prácticas de conservación del café. Para él, no es complicado transmitir a los productores los requisitos a cumplir para obtener su certificación o programa sostenibles y entienden que además de darles buenas prácticas y muy manejables, con un cultivo y trazabilidad aprobada, les permitirá acceder a otros mercados que pagan ese costo sin problemas porque la calidad está garantizada.

“Sin embargo, me parece que el productor requiere una aliciente eficaz para implementar en tiempo y forma estos requerimientos en sus fincas, porque no se trata sólo de cumplir estas normas, sino que vayan más allá y comprendan los beneficios en sus actividades diarias como la conservación del medioambiente, cuidado del bosque que les garantiza tener agua en las alturas donde siembran el café y usar productos sanos y con ingredientes aprobados, que ayuden al café a su desarrollo. Siento que lo más importante es que el productor comprenda qué tan rentable son sus unidades de producción, de eso dependerá su comercialización exitosa. Si recibe un reconocimiento por la plusvalía que ofrece al dar un desarrollo sostenible a su café, les convencerá a mantenerse en esa dinámica” apuntó.

Para Escalante López, un problema en contra para los productores es tener de adaptarse a los requerimientos de empresas grandes que les compra sus cosechas, ya que a veces les resulta complicado cumplir esos lineamientos: “Los productores se alinean a lo que les piden las grandes empresas que ofrece su producto con un sobreprecio, donde sus certificados permiten ciertos químicos de manera ordenada y que permitan que el cultivo sea rentable, como sucede en nuestro país con cultivos orgánicos que viven una fase crítica debido a su poca producción, hay estados como Guerrero, Oaxaca o Chiapas con bajos rendimientos respecto de la meta nacional y apenas dan 2, 3 o 5 quintales, eso no alienta al productor, es evidente que el consumidor busca productos libres de contaminantes y obviamente si ve esa bondad lo va a preferir.

“Si compra un café de Jaltenango con todos los certificados y trazabilidad de primera calidad, con la certeza que no tiene residuos, lo va a comprar sin pensar en precios. Ahora,  en los últimos meses han sufrido de la roya anaranjada, así que el productor busca alternativas para combatirla y eso de alguna manera afecta su productividad, pero apelo al consumidor para que busque los productos que están libres de químicos y eso lo garantizan las certificaciones agrícolas que avala al producto de excelente calidad y libre de químicos”, aseveró.

Para hacer un cálculo aproximado del costo de las certificaciones, Lázaro Escalante dio algunos ejemplos, pues este varía según cantidad de producción, hectáreas sembradas, entre otras datos: “Los costos promedio van acorde al número de hectáreas, unidad de producción, días de inspección, hay que checar diversos detalles. Por ejemplo, unos 300 productores en 5 hectáreas da un promedio entre 65 a 85 mil pesos, pero depende la ubicación y si en la cadena de suministro hay más de 20 hectáreas. Lo importante es entender que para que tengas una certificación, ya debes tener un mercado seguro para tu producto”.

Por su parte, Celina Rivera Landaverde explicó que la Cooperativa Ek-Balam Productores de la Estrella del Jaguar, está integrada por mil 200 productores; cuentan con certificaciones en prácticas limpias, de comercio justo y sustentabilidad: “Estoy convencida que para que una cooperativa perdures debe tener una base social solida, es decir, que el productor sepa hacia donde va y tenga el compromiso de cumplir cada meta trazada y se vuelva gestor de su propio desarrollo. Si bien en los últimos años ha crecido la formación de cooperativas, no todas logran mantenerse en operación y me parece clave que el productor se apropie de lo que tiene y lo que quiere hacer a futuro y pueda cumplir sus objetivos, apoyados en el equipo técnico que le proporciona sus organizaciones” dijo.

Un bemol común en las prácticas de las cooperativas, es el envejecimiento de la plantilla. La gran mayoría de las parcelas las atienden adultos mayores, así que para Celina, un logro importante en Ek-Balam ha sido revertir esa tendencia: “El relevo generacional por fortuna comienza a darse, hay más jóvenes conscientes de la conservación de los recursos y en nuestra cooperativa tenemos muchos adultos mayores que ya delegan sus fincas a sus hijos, quienes se comprometen a mantener la productividad con cuidado al medioambiente, lo que les garantiza la permanencia de su parcela, ya que en lo sucesivo, ellos también las heredarán a sus hijos. Nosotros estamos cercanos a la Biósfera del Triunfo, por ende los asociados están muy conscientes de cuidar el ecosistema, evitar la talas, mantener árboles de sombra y cumplir las certificaciones porque nos hemos enfocado al tema orgánico”.

La gerente de Ek-Balam Productores de la Estrella del Jaguar, aseguró que las cooperativas trabajan por un bien común, cada una promueven la conservación independientemente del giro al que se dediquen, siempre con un enfoque en el aspecto ambiental, conscientes de su cuidado así como en el aspecto social.

“El productor debe sentirse en confianza y con beneficios por igual para todos tanto en lo sustentable como económico, que sea retribuido por el esfuerzo que hace en su parcela. Y si la cooperativa está integrada por las mayores cadenas productivas del café, les permite un contacto más cercano desde el campo hasta la barra y esto hace que el consumidor valore más el esfuerzo de todos, para disfrutar el mejor café en taza y por ende, debe reflejarse en el precio. Eso es una muestra de comercio justo”, finalizó Celina Rivera Landaverde.

Por último, René Ávila Nieto como moderador ofreció sus conclusiones sobre la importancia del manejo sustentable de las fincas y las certificaciones: “Es un hecho que este planeta no nos pertenece, todos estamos de paso, por tanto, la obligación es cuidar de él para las nuevas generaciones. Hoy es muy fácil hablar de sustentabilidad, pero llevarlo a la práctica es algo muy complicado, así que hay que seguir ciertas reglas para lograr el objetivo de alcanzar un desarrollo acorde al ecosistema. Además, es necesario el relevo generacional y una mayor conciencia para apropiarse de sus entornos como únicos y por ende mantenerlos para garantizar su permanencia futura y sobre todo, que el consumidor conozca y comprenda esta labor para que pague el precio justo a este esfuerzo”.