«Renovar o Padecer: La Importancia de las Variedades Mejoradas para el Futuro del Café en México»

Oscar A. Galeana Sánchez

Frente a la amenaza del cambio climático, los ataques de enfermedades y la baja productividad debida a cultivos envejecidos, se hace imperativo el reemplazo por plantas más eficientes. Esto asegurará un futuro más rentable tanto para el caficultor como para la industria en general.

Es innegable que México posee un enorme potencial para aumentar el consumo interno de café. Cada día, más personas se interesan en sumergirse en este fascinante mundo, ya sea como un simple placer de disfrutar la bebida o como una oportunidad de negocio atractiva para invertir. Ya sea soluble o en grano tostado y/o molido, siempre hay opciones de presentación cercanas al consumidor.

No obstante, esto contrasta con la disminución de la oferta nacional. La disponibilidad del café ya no solo busca satisfacer la demanda volátil de los mercados extranjeros, sino también la cada vez más sofisticada demanda interna, lo cual representa un verdadero desafío. Esto se debe, entre otros factores, a la constante disminución en la productividad, asociada a la limitada renovación de cafetales y, lo que es más crítico, la falta de renovación con variedades mejoradas.

Resulta preocupante la perspectiva que ofrece la cada vez menor cantidad de café cosechado en los campos nacionales. La producción está en decadencia debido a diversos factores, entre ellos la falta de capacidad de los productores para renovar sus fincas. A esto se suma la devastación provocada hace casi una década por el ataque de la roya, que resultó en una caída del 80 por ciento de la productividad en las tierras cafetaleras de varias regiones del país. Lo peor es que México no estaba preparado para enfrentar tales enfermedades, por lo que la «reconstrucción» de la estructura productiva de las plantaciones fue prácticamente desde cero. Para ello, fue necesario recurrir a nuevas variedades o materiales genéticos que no solo fueran tolerantes a ese tipo de afectaciones, sino también más productivos y que proporcionaran perfiles de sabor adecuados.

Según René Ávila Nieto, responsable del área de Servicios de Manejo Sostenibles (SMS) en Agroindustrias Unidas de México (AMSA), se requiere actualmente renovar los cafetales de las 14 entidades productoras a tasas que oscilan entre el 30 y el 40 por ciento anual. En otras palabras, México podría estar produciendo su café al 60 o 70 por ciento de su capacidad, tomando como referencia un indicador crucial: la Estructura Productiva. Este indicador proporciona una radiografía de la condición de las plantas en la finca, clasificándolas como sanas, pre-productivas, envejecidas (que requieren algún tipo de poda regular o severa) o con fallas. La relevancia de este indicador radica en que el productor suele dedicar el mismo tiempo, esfuerzo e inversión a todas las plantas, y solo un porcentaje generará resultados en la cosecha.

Es evidente que el caficultor necesita renovar con frecuencia sus plantíos para garantizar una producción más sostenible y rentable. Pero, ¿cuáles son esos materiales?, ¿dónde están?, ¿qué esfuerzos se están realizando?, y, sobre todo, ¿cómo puede el consumidor apoyar o influir en esta actividad crucial? Ávila Nieto proporciona información sobre lo que algunas empresas, como AMSA, están haciendo para responder a estas preguntas.

La necesidad de renovar para no sufrir.

«Nos dimos cuenta de que, si los productores no mejoraban sus plantaciones con materiales de mejor calidad, seríamos cada vez más vulnerables a los fenómenos climáticos y, por ende, dependeríamos de variables que no podemos controlar más allá de los precios, como las afectaciones graves causadas por enfermedades como la roya», explica Ávila Nieto.

Destaca los beneficios que la biotecnología, aplicada en beneficio de la sociedad (sin organismos genéticamente modificados), aporta a los cafetales para prevenir afectaciones como las vividas en las fincas mexicanas entre 2013 y 2017. Se trata de contener dichos ataques sin afectar la productividad, utilizando variedades cuya genética les brinda esa ventaja.

«Por ejemplo, además de las variedades mejoradas por métodos tradicionales de semilla, hoy en día la biotecnología permite desarrollar variedades híbridas en menos tiempo, que combinan lo mejor de sus progenitores (tolerancia a plagas y enfermedades, calidad en taza, productividad, porte, etc.) y reproducirlas sin riesgo de variabilidad genética. Todas las plantas serán exactamente iguales y con la misma respuesta productiva. Es como acelerar lo que la madre naturaleza hace al seleccionar a los individuos más aptos, pero de forma más rápida», añade Ávila Nieto.

A esto se le denomina materiales «de nueva generación», que AMSA está poniendo a disposición de los productores como respuesta a las necesidades del campo cafetalero. Estos materiales buscan mayor productividad, mayor tolerancia a enfermedades y, sobre todo, perfiles de calidad en taza aceptables o de muy buen gusto para el consumidor. Algunos productores e incluso tostadores se acercan a AMSA para adquirir tanto las plantas listas para llevar al campo como la semilla certificada para establecer sus propios viveros, y AMSA les brinda la asistencia técnica necesaria.

Es importante recordar que gracias a la inversión y el trabajo conjunto del grupo ECOM, al cual pertenece AMSA, con entidades especializadas como CIRAD (Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agronómica para el Desarrollo), se han desarrollado materiales híbridos F1 y variedades que son estratégicas en México. Entre ellas destaca Marsellesa, que no solo es más tolerante a la roya, sino que también tiene una productividad mucho mayor (es decir, más kilos por planta) y, además, es más precoz. Esto significa que el productor no tiene que esperar 3 o 4 años para empezar a cosechar, ya que en ocasiones, y dependiendo de las condiciones del hábitat, tiene fruto desde el segundo año.

«Lo más sorprendente es que estos materiales han demostrado un extraordinario perfil de taza con notas de sabor bastante agradables para los clientes de especialidad. Si revisas las estadísticas del certamen Taza de Excelencia México, verás que muchos de los finalistas internacionales compiten con Marsellesa. Esto ha sido clave para recuperarnos del problema de la roya y para que las fincas generen un mejor retorno sobre la inversión», añade René, recordando que el World Coffee Research (WCR) tiene un amplio catálogo que destaca las características y ventajas de estos y otros materiales.

Más allá de los beneficios comprobados que ofrecen, el verdadero desafío radica en cómo hacer llegar estas opciones a los caficultores. Ante la ausencia de programas públicos de gran alcance en materia de renovación de plantas, y considerando que el productor difícilmente invertirá en este tema sin la asesoría técnica adecuada y sin una demanda que destaque la importancia de la renovación, se hace necesario encontrar soluciones prácticas.

Asegurar más y mejor café en el futuro…

Aunque varios actores reconocen la importancia de la renovación, ha habido pocos esfuerzos sostenidos en la materia después de la crisis de la roya. La iniciativa privada ha tenido que articular programas específicos, como el caso de Starbucks, que con la participación de los consumidores ha puesto en marcha la campaña «100 Million Trees Commitment». Esta iniciativa permite donar plantas más productivas y resistentes a los productores, mejorando así su capacidad para suministrar café.

René señala que, con este tipo de esfuerzos, se logra involucrar a varios actores en la cadena de valor, desde productores y desarrolladores de variedades hasta técnicos de campo, comercializadores, tostadores y, por supuesto, consumidores. A cambio, los consumidores pueden esperar una oferta sostenible en México de los perfiles de taza que buscan. «Esto es sumamente plausible porque fortalece toda la cadena.»

¿Puede esta experiencia ser replicable? «¡Por supuesto!», responde René Ávila. Incluso a nivel de cadenas de suministro más pequeñas, etiquetar una parte del premio pagado por el consumidor o tostador para la renovación de cafetales y la transferencia de tecnología puede proporcionar mayor estabilidad en el suministro de cafés de determinadas regiones o fincas.

A medida que el mercado interno se fortalece cada vez más, es crucial que tostadores, baristas y consumidores se involucren en el tema. El futuro del suministro depende en gran medida de que más y mejores materiales genéticos estén en el campo. Lamentablemente, salvo contados esfuerzos a nivel de algunos estados, no existe una agenda estratégica en la política pública que acerque estos materiales a los productores.

«Aclaremos que las variedades tradicionales son buenas, pero si un productor puede cosechar granos con un perfil de taza similar, con el doble de rendimiento y menos riesgo de afectaciones por plagas o enfermedades, vale la pena explorar esas nuevas variedades. Somos un país que compite en los mercados mundiales, y debemos ser más competitivos, partiendo de la renovación en campo», concluye René Ávila.

En efecto, como país productor y consumidor, enfrentamos crisis de precios, plagas y enfermedades, sequías, etc. Sin embargo, podemos abordarlos de la mejor manera si las fincas tienen una mejor estructura productiva, con variedades más tolerantes, de mejor rendimiento y, sobre todo, con un buen perfil de sabor.